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Acabar con la desesperación

Últimamente hemos visto en los medios muchas reacciones sobre el atentado que hubo contra Charlie Hebdo y eventos posteriores. Desde artículos que nos decían quién era y quién no Charlie, hasta qué soluciones hay que aplicar contra el terrorismo yihaidista. Han dicho que la solución ya no es llevar la guerra a los países donde el terrorismo se ha hecho fuerte, ahora es militarizar las calles europeas. Algunos han hilado más fino y han apuntado al incentivo de conseguir el paraíso. Y muchos nos recordaban que la integración aquí es indispensable. ¿Pero es que nadie se plantea la situación humanitaria de estos países?

En la historia se encuentran gran cantidad de ejemplos de que la gente, ante la cultura de la desesperación, se aferra a creencias que les suponen un clavo ardiendo. Cuando las personas que viven en estos países en conflicto pueden disponer de recursos, algo de seguridad y estabilidad y esperanzas de prosperar, es de esperar que hagan lo que a todos nos gusta: estar junto a nuestras familias, cuidar la tierra, vivir sin miedo.

No quiero simplificar el caso como han hecho los que han propuesto modificar el espacio Schengen. Han propuesto dificultar que se pueda entrar en la UE para evitar que atenten ¡nacidos y residentes en la UE! Hay que dar lucha ideológica, juzgar a sus líderes y colaborar con el desarrollo de todas las sociedades. Y más, claro, mucho más.